República Dominicana
República dominicana engancha. Aún recuerdo cómo, al hacer este viaje, pensaba en el país como un lugar lleno de Resorts, grandes hoteles con “todo incluido” y un camarero que te lleve tu maravilloso cóctel a la tumbona que tienes al lado del mar. Y es verdad, esa es una parte importante de República Dominicana que yo (por suerte) desconozco.
Pero detrás de todo esto se incluye un lugar que no vas a olvidar nunca.
Santo Domingo (dos días):
Nuestro viaje comenzó en Santo Domingo, una ciudad grande llena de coches sin control y gente bastante agradable, aunque te encontrarás de todo. Mi recomendación particular es estar en ella dos días. Conocer la capital de un país es elemental y tiene su parte de historia, aunque toda ella ligada a su pasado español. La zona colonial es la más importante, si puedes, alójate por ahí. Existen visitas guiadas que puedes encontrar en Plaza España por 10 dólares donde te enseñarán lo más interesante de la ciudad. También se recomiendan “Los tres ojos” y el faro de Colón. Mi impresión de la ciudad fue buena, pero nada del otro mundo, no creo que sea lo más destacable de un buen viaje por el país.
Punta Cana (tres días):
Después de estos dos días, decidimos alquilar un coche para movernos mejor por toda la isla y, desde luego, fue un gran acierto. Existen lugares preciosos que sin un vehículo propio, difícilmente conseguirás ver. Un montón de playas perdidas, pueblos escondidos y comidas por descubrir. Por todo esto, recomiendo valorar esta opción.
Una vez en Punta Cana nos alojamos en un hostel barato cerca de Macao (obviamente, nada de resorts) y fue un gran acierto. Conocimos la otra realidad de la zona. Con gente norma y amable, una vida tranquila y pocas inquietudes.
Punta Cana se basa en playas que son difíciles de encontrar si no vas a un hotel que te de todo hecho pagando una gran suma de dinero, pero lo puedes conseguir y merecerá la pena. Existen playas maravillosas que no te puedes perder, personalmente recomiendo Playa Blanca, Playa Juanillo y Playa Macao, en ese orden.
Samaná (tres días):
Después de ver Punta Cana, tuvimos que volver con el coche hacia la capital para luego subir a Samaná que, desde luego, fue lo más bonito del viaje. Las playas nada tienen que envidiar a las de Punta Cana, hay menos turismo, la gente es más amable y la naturaleza es indescriptible.
Nos alojamos en Las Terrenas, un lugar bastante bonito al lado de la playa al principio de la península y desde ahí nos recorrimos toda la zona. Una vez allí es obligatorio ir a la cascada del Limón, una auténtica maravilla. No hace falta reservar antes ni nada por el estilo, al acercarte encontrarás a multitud de gente intentando venderte su propio recorrido. Nosotros lo hicimos a caballo y, sinceramente, fue una gran decisión. Cuesta bastante subir y los caballos estaban muy bien cuidados. El lugar es increíble, una de las cosas más bonitas que he podido ver en mi vida. Mi recomendación personal: al meterte, intenta cruzar la cascada, es una sensación indescriptible.
Los otros dos días del viaje por Samaná los dedicamos a ver algunas playas, conocer la ciudad de Samaná y hablar con gente de la zona (hazlo, es increíble lo que puedes llegar a aprender de estas personas). La playa que más nos impactó fue Playa Rincón, considerada una de las diez mejores del mundo por la UNESCO, pues imaginad eso para nosotros solos. Al llegar a la playa, id hacia el lado izquierdo al final, justo ahí es la desembocadura de un río que merece la pena ver y bañarte (para que no todo sea agua salada). Pero hay más playas bonitas por la zona como Morón o las que están cerca de las Terrenas.
Jarabacoa (un día y medio):
A la hora de comer aproximadamente salimos de Samaná con dirección a la zona montañosa del país, queríamos ver algo más que no fuera calor, playas y cocos. Y lo conseguimos, fue poco tiempo pero mereció mucho la pena. La zona es completamente diferente, la naturaleza te asombra por cualquier lado y tienen rincones dignos de ver. Nosotros vimos el Salto de Jimenoa al atardecer, merece mucho la pena y más a esta hora si podéis. Tuvimos la suerte de que se hiciera de noche y ver toda una oscuridad llena de puntitos amarillos, luciérnagas. Parecía un cuento. Al día siguiente vimos la cascada de Baiguate y volvimos a Santo Domingo. La sensación de que se estuviera acabando el viaje era horrible. Todos necesitamos como mínimo otros 10 días más conociendo esta maravillosa cultura.
Consejos y datos útiles:
• Carreteras y peajes: la red de carreteras es bastante mala. Salvo la que comunica Santo Domingo con Punta Cana y con Samaná, todo lo demás está lleno de baches, curvas peligrosas o motos infernales. Además la conducción allí es temeraria, lo típico de tonto el último. Y para colmo, van siempre con las luces largas puestas, un auténtico horror, hay que tener cuidado, pero se puede hacer perfectamente.
• Mosquitos: Hay zonas sobre todo en la naturaleza donde da la sensación de que hay dos millones de mosquitos por metro cuadrado, exagerado. Tened precaución e intentad llevar un buen repelente (hay algunos que para ellos es un dulce directamente) no seáis como nosotros, que parece que disfrutábamos cada vez que nos picaban y no hacíamos nada.
• Moneda: el cambio de dólares a pesos está en unos 55 pesos el dólar, en muchos sitios aceptan dólares, pero siempre que ellos salgan ganando, son majos pero demasiado listos.
• Comida: La comida es bastante barata, por 7 dólares aproximadamente comíamos todo el día y además comida típica de allí basada en arroz, pollo y plátano mezclado de diferentes formas (es decir, al final lo mismo). Recomiendo probar el Mangú para desayunar, comer plátano frito, tostones y mofongo.
• Bebida: Presidente, presidente y más presidente. Es la cerveza más importante y desde luego, para mi gusto, ¡está bien rica! La piña colada es espectacular y los zumos muy buenos (aprovechad que el mango está barato).
• Clima: Dependiendo de la zona pero por lo general bastante bueno (nosotros fuimos en octubre y hacía calor, pero se soportaba bastante bien.
• Ropa: cómoda y ligera. Hay veces que toca andar o el calor aprieta.
• Cultura: cuidado con algunos temas. Hay gente racista con los haitianos y la mayoría no tiene ni quiere tener grandes ambiciones. Muchos se conforman con vivir al día, tener cerveza y jugar al dominó. Pero por lo general la gente es amable y te ayudará en lo que pueda. Intenta hablar con ellos, no te arrepentirás.
• Música: si eres un buen mochilero y te adentras en determinados barrios, verás como la salsa o el merengue se escucha en todos los lados. Romeo Santos es su segundo Dios.
• Economía: desgraciadamente, peor de lo que nos esperábamos. La capital está desarrollada pero hay zonas donde vive gente incluso sin luz. Una pena pero, te das cuenta que aun así son muy felices con lo poco que tienen.
• Precauciones: La capital nos dijeron que podría ser lo más peligroso, pero como todo, hay barrios donde no se puede ir y no se va. Punta Cana es muy segura, saben que viven del turismo y ellos mismos lo defienden. Lo mismo pasa en Samaná, una zona bastante tranquila. Nosotros no tuvimos ningún problema.
Espero que sirva de ayuda mi vivencia por este gran país y que la gente lo vea como lo que es: una joya del mundo más allá de hoteles y playas espectaculares. ¡Toda una cultura viva que todos deberíamos descubrir!
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